domingo, 31 de enero de 2010

MITOS DE LA HISTORIA COLOMBIANA

MITOS DE LA HISTORIA COLOMBIANA

De: Mario Pachajoa Burbano
http://pachajoa.110mb.com/

Amigos:

Pablo Eduardo Victoria, cuya esposa tiene como su quinto abuelo al hermano de José María Grueso y Rodriguez, insigne sacerdote y poeta payanés (1779-1835), en su libro "Grandes Mitos de la Historia de Colombia, La Nueva Granada contra España", se refiere prolijamente en 241 páginas sobre lo que llama los "trece mitos de la historia colombiana" que según el autor son:

1. Imperio esclavista español;
2. El férreo monopolio español:
3. El origen popular de la revuelta comunera;
4. Los españoles ejecutaron a Galán;
5. El oscurantismo español;
6. El poder absoluto de los españoles;
7. La falta de privilegios políticos y distinciones sociales;
8. El florero y las multitudes contra España;
9. La Patria Boba;
10. La independencia y los derechos del hombre;
11. Las mazmorras y los grilletes de Antonio Nariño;
12. La solidaridad y cohesión republicanas
y 13. Nariño, ¿Precursor de la Independencia o de la Reconquista?.

En este escenario, Popayán ocupa un importante papel protagónico.

La obra contiene detalles, por nombrar algunos, poco conocidos de las diferencias entre El Libertador Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander, Antonio Nariño y Camilo Torres Tenorio, los generales José María Obando y Tomás Cipriano de Mosquera, la Inquisición. Así mismo sobre Francisco Antonio Zea y la campaña de Antonio Nariño en el Sur.

Pablo Eduardo Victoria estudió en USA en donde obtuvo licenciatura, maestría y doctorado en economía y posteriormente filosofía. Fue senador de la república, asesor de empresas extranjeras, profesor de economía, escritor de libros exitosos, conferencista y columnista de varios diarios.

Abriendo el enlace, se escuchan las explicaciones del autor sobre temas de este libro:

http://www.youtube.com/watch?v=UuY7p0UmeCE

Cordialmente,

CONVOCATORIA DE LA COMISION BICENTENARIO DEL CAUCA

A todos los interesados en escribir colaboraciones para la publicación “PAPEL PERIODICO ”, que se editará con motivo del bicentenario de la independencia, se les informa que se reciben colaboraciones hasta el día viernes 15 de febrero del 2010, a las 6:00PM.

CONDICIONES:

1. La extensión máxima es de 2 páginas tamaño carta a doble espacio.
2. La colaboración debe firmarse, adjuntar foto y datos biográficos del autor, si es posible, fotografías o dibujos para ilustrar el artículo.
3. Los temas deben girar alrededor del proceso histórico de Colombia, en los últimos 200 años desde cualquier punto de vista.
4. Se reciben cartas, artículos, mini ensayos, crónicas, datos curiosos, reportajes, homenajes, biografías, opiniones, caricaturas, reseñas bibliográficas, cuentos, etc.
5. Los artículos deben enviarse al correo electrónico: bicentenariocauca@gmail.com, con el asunto: colaboración prensa
6. Los artículos enviados, también se publicaran en el blog, de la Comisión Bicentenario: www.bicentenariocauca.blogspot.com
7. Los trabajos enviados se reciben en el contexto de “colaboración”, y por lo tanto no habrá ningún tipo pago por ellos, respetando en todos los casos la autoría intelectual.
8. Pueden participar todos los colombianos que lo deseen.
9. Al enviar su colaboración, el participante se acoge a esta convocatoria.
Cordialmente, Marco Antonio Valencia, Secretario Ejecutivo Comisión Bicentenario.

sábado, 30 de enero de 2010

LAS MUJERES EN LA INDEPENDENCIA


ANDRÉS Y ROSA FLORIDO

De: Mario Pachajoa Burbano
http://pachajoa.110mb.com/

Amigos:

Andrés y su hija Rosa Florido nacieron en Popayán y aunque no son muy conocidos, se encuentran ubicados entre los primeros de la lista de patriotas caucanos que ofrecieron lo que tenían para ayudar a crear un país soberano e independiente..

Andrés Florido el 20 de julio de 1810 era empleado de la Casa de Moneda de Popayán, al tiempo que en Santafé se tramaba la conjuración contra el virrey español Antonio José Amar y Borbón Arguedas (1742, Zaragoza-1826, Zaragoza) y estallaba el Grito de Independencia.

Andrés olvidó, en esa fecha, que se le consideraba y honraba en el Gobierno de España y abrazó con decisión la causa proclamada en aquel inolvidable día en que entregó su fortuna, que no era pequeña, sus afanes y la sirvió infatigable, sin exigir nunca remuneración alguna ni aún cobrar a su patria libre, las fuertes sumas de dinero que empleó en su redención.

El Pacificador Pablo Morillo y Morillo, conde de Cartagena y marqués de La Puerta, (Fuentesecas, Zamora, España, 1775 - Barèges, Francia, 1837) lo persiguió, lo incluyó en la lista de los que debían ser sacrificados; pero él burló astutamente su tenaz persecución para lograr el fruto de sus sacrificios al ver llegar el fausto día de Boyacá en 1819, y morir en 1821.

La hija de Andrés, Rosa Florido, fue el eje de todas las intrigas revolucionarias. No descansó un momento en la labor de la libertad. Era rica y sus recursos los invirtió voluntariamente en auxiliar a los independientes, comprar armas y elementos de guerra, ganarse los soldados enemigos con dádivas y promesas, enviar postas a llevar noticias a los campamentos de los independientes.

Pero donde más se hizo notable su patriotismo fue a la llegada de Morillo, pues mantuvo a sus expensas, (por todo el tiempo de su horrorosa pacificación en Santafé), de alimentos, vestido, cama y auxilios a sus familias, a los presos, en número de 70 cada día, inclusive costear el entierro de los que sin tener deudos, morían en el patíbulo.

Dio en préstamo al Gobierno republicano $ 14.000 que jamás cobró, no obstante que en la miseria pasó sus días y esta mujer fuerte causa de la libertad, murió de enfermera en el hospital de San Juan de Dios de Bogotá, en el año de 1857.

viernes, 29 de enero de 2010

Otra América es posible




POR Francisco Trujillo
Edición 147 REVISTA VIRTUAL DESDE ABAJO

.Independencia. Soberanía. Libertad. Sueño de muchos en Nuestra América que solamente en un momento dado de su devenir histórico –a partir de un contexto específico, hace ya 200 años–, se pudo concretar. Primera independencia. Sueño acumulado en los cuerpos de millones de indígenas aniquilados y negados en su ser histórico por un poder que los consideró inferiores –sin alma–, que los sometió y los avasalló. Pero también, energía latente en millones de esclavos oprimidos, sometidos, negados, ‘arrancados' de su tierra y vendidos como objetos, fuerza de trabajo para enriquecer las arcas españolas.

Otear nuestra historia. Pensarnos en nuestras raíces, en su sentido histórico, en su proyección hasta el presente. Auscultar la energía que hizo posible que los negados, que los sometidos, se sintieran dispuestos a coger las riendas de su destino. ¡Energía necesaria para un nuevo ciclo de independencia!

Empezamos con esta entrega una serie sobre el bicentenario. Recorrerémos hechos y sucesos, pero también escucharémos las personalidades y los movimientos, develando intereses y poderes que propiciaron que la injusticia se empoderara en nuestro territorio.
Una oportunidad para no dejar pasar el bicentenario. En todo el continente se preparan diferentes actividades para recordar y reflexionar a propósito de lo que pudiéramos llamar la “primera independencia”. A propósito de la misma, unas pequeñas e iniciales notas sobre personajes que tuvieron que ver con esta gesta y con su continuidad en el siglo XX.

Miranda, los primeros pasos

Francisco Miranda, venezolano, político, militar, aventurero, eterno conspirador. Don Andrés Bello, filósofo y escritor, dice sobre su compatriota: “Con reverencia ofrezco a tu ceniza este humilde tributo; y la sagrada rama a tu efigie venerable, ciño, patriota ilustre que, proscrito, errante, no olvidaste el cariño del dulce hogar que vio nacer tu cuna”.

Nació en Caracas en 1750 de acaudalados padres españoles. Hace, contra la voluntad de éstos, la “carrera de las armas”. Viaja a Francia, Rusia, África, entre 1772 y 1774. En Madrid (España) da un paso de gran trascendencia para él: se hace masón y líder de la masonería, fundando para América la Logia Lautaro. Se acoge al juramento mason: “Nunca reconocerás por gobierno legítimo de tu patria sino al que sea elegido por libre y espontánea voluntad de los pueblos y, siendo el sistema republicano el más adaptable al gobierno de las Américas, propenderás por cuantos medios estén a tu alcance, a que los pueblos decidan sobre él”.

La masonería, para muchos independentistas, fue una especie de evangelio. Masones fueron Nariño, Bolívar, Santander, O'Higgins, San Martín.

Bolívar, la claridad y la fuerza

Dijo Simón Bolívar: “Haré de América una sola patria”. Inició su carrera político-militar con una extraña acción: malinterpretó una forzosa decisión de Miranda en su lucha contra los españoles en territorio venezolano. Consiguió que tropas amigas apresaran a Miranda y lo entregó… a los españoles, que lo enviaron prisionero a Cádiz, donde murió este patriota. Lo había conocido en Europa y lo convenció de que regresara a su patria. Dice el general Julio Londoño: “En el alma del Libertador se escondió el odio contra Miranda cuando se dio cuenta de que no tenía nada de común con el suelo; que nada entendía de la naturaleza americana; que era un hombre que luchaba en América pero había dejado su corazón en Europa” (La visión geopolítica de Bolívar). En París, su lujosa mansión era centro de reunión por la libertad de América. Napoleón lo conoció y dijo: “Miranda es un demagogo, no un republicano”. En Europa elabora un proyecto de constitución para las colonias hispanoramericanas, en la que el Monarca sería inca y la Cámara Alta estaría integrada por caciques de toda América!
En su proyecto de “América, una sola patria”, Bolívar busca tesoneramente la independencia de Cuba, Puerto Rico y Haití. Para esta finalidad, en 1825 propone a México la unión de las escuadras colombiana y mexicana. El Congreso de este país rechazó la propuesta. En su punto 6º, estipula: “Este plan se fundará: 1º defender cualquier parte de nuestras costas, 2º Expedicionar contra La Habana y Puerto Rico; 3º Marchar contra España […]”. El mismo año, un poco antes, había propuesto un Congreso Anfictiónico en Panamá, con la condición expresa de que no fuera invitado el país del norte, a lo cual el general Francisco de Paula Santander se opuso, pues era admirador de ese país. El Congreso fracasó. En 1824, en carta a Antonio José de Sucre, Bolívar había vaticinado: “Los Estados Unidos de Norte América parecen destinados por la Providencia a plagar de miserias el mundo en nombre de la libertad”.

Martí, la libertad del Caribe

José Martí (1853-1895), llamado “El Apóstol” por sus compatriotas cubanos, escritor, poeta. Suya es la letra de la conocida canción Guantanamera. Vivió refugiado algún tiempo en Estados Unidos. Escribió: “Viví en el vientre del mostruo y le conozco las entrañas”. En Nueva York fundó, en 1892 el Partido Revolucionario Cubano y les escribió incansablemente a sus compatriotas. Precisó en una de sus cartas: “Esta íntima relación con todos los elementos revolucionarios activos es tanto más obligatoria cuanto que el desasosiego del país, próximo en todo instante a revelarse por las armas, y un precepto expreso de los estatutos del partido mandan tener las fuerzas revolucionarias en la disposición más favorable a la guerra que fuese prosible”. A los 42 años, el 18 de mayo de 1895, murió en combate contra los españoles.

Escribió Martí: “Pero ahí está Bolívar en el cielo de América, vigilante y ceñudo, sentado en la roca de crear, con el inca al lado y el haz de banderas a los pies; así esta él, calzadas aún las botas de campaña, porque lo que él no dejó hecho, sin hacer está hasta hoy; porque Bolívar tiene que hacer en América todavía”.

Torre Bicentenario



Coincidiendo con los festejos por los 200 años de la Independencia de México en el 2010, se esta proyectando esta edificio de 300 metros de altura (similar a la altura de la Torre Eiffel de París).

La Torre Bicentenario es obra del arquitecto Rem Colas y esta torre superara en altura a la Torrre Mayor de 230 metros, para que el DF siga teniendo el edificio mas alto de Latinoamérica
.


Actualmente México cuenta con el rascacielos más alto de América Latina: La Torre Mayor de 55 pisos y 230,4 metros de altura. Pero con la carrera de construcción de rascacielos que esta sucediendo en todo el mundo, incluyendo América Latina, ya hay planes de inaugurar en Septiembre de 2010 la Torre Bicentenario, obra del arquitecto holandés Rem Koolhaas. Con 300 metros de altura será aproximadamente del mismo tamaño que la Torre Eiffel, pero más bajo que el edificio Empire State en Nueva York. La construcción de sus 85 pisos, tendrá un valor de US$600 millones de dólares. Aunque será inaugurado para conmemorar los 200 años desde el comienzo de la guerra de independencia contra España, el edificio irónicamente será propiedad de la empresa española Grupo Danhos, controlada por Amancio Ortega — dueño de la cadena de tiendas Zara.

Su diseño está inspirado en las pirámides Mayas, e incluye dos huecos que permitirán el ingreso de luz y ventilación a la parte más ancha de la torre. El edificio estará ubicado en la intersección de Reforma y Anillo Periférico, en la esquina noreste del Parque Chapultepec. Su construcción no está exenta de polémica, incluyendo a legisladores tratando de impedir su construcción.

En todo caso, el rascacielos Costanera Center en Santiago también pretende tener 300 metros de altura. Su construcción ya comenzó y pretende estar listo también el 2010. Ya veremos cual de los dos lo tiene más grande.

miércoles, 27 de enero de 2010

Mucha poesía y pocos poetas, en el bicentenario de la independencia



por: Germán López Velásquez


La historia de Colombia es la historia de una fantasía. Seguimos levitando; con los pies por encima de la tierra. Nuestro nivel de locura se aproxima a la catalepsia, es decir, a la inmovilidad total, a la extinción del alma nacional. Sin alma no hay movimiento, por supuesto. Nuestra nación sigue postrada, alienada, paralizada. Es una tragedia porque nos acercamos a los doscientos años de la llamada independencia de España, que realmente medio se concretó en 1819 con las batallas del Pantano de Vargas y del Puente de Boyacá. No es verdad que nos hayamos independizado el 20 de julio de 1810, es un decir de historiadores de enseñanza primaria. Si nuestra independencia se hubiera sellado en esa fecha, no tendría razón de ser la gesta libertadora de Simón Bolívar, que seguía sin concretarse en 1830, el año de su solitaria y prematura muerte y que empezó, precisamente, después de 1810. El grito de independencia de los terratenientes, comerciantes, intelectuales y juristas del 20 de julio, los criollos ricos, que querían el poder para ellos en la Nueva Granada, no es más que el comienzo de una encarnizada lucha de clases. Y el pueblo, como siempre, utilizado y acribillado por la revolución contra España. Vale la pena rendirle tributo, reconocimiento sincero, abrazo fraternal, a los soldados de esa época, a los que se alistaron dando cumplimiento al Acta de Independencia para proteger a Bogotá de una arremetida española. También a los que acompañaron a Bolívar y a todo su enjambre libertador. Sin duda, verdaderos colombianos. Esos ejércitos populares, revolucionarios, renunciados a la vida total de sacar a España de nuestros territorios, merecen todos los monumentos públicos. Si imagináramos siquiera por un momento, el cruce a caballo desde Bogotá hasta Quito, en la llamada Campaña del Sur, comandada por Bolívar, entenderíamos el sacrificio. Ahora hay grandes autopistas, vehículos raudos, restaurantes en las vías, hoteles lujosos donde se suspende la travesía, armas de largo alcance, aviación militar, artillería moderna, trajes contra el frío, medicinas, termos y alta tecnología en los teatros de operaciones militares. Las bombas lanzadas del cielo son de al menos 500 libras de pólvora. Un estallido verdaderamente universal. En esa época, la faena tenía otro precio. Era el verdadero compromiso, la entrega absoluta a la causa libertadora de esos miles de campesinos desharrapados que morían en las hondonadas, los precipicios y por el frío inclemente de los páramos. Esa reflexión es necesaria y justa.

Cuando era niño de escuela me hicieron dibujar a Camilo Torres y a don Antonio Nariño, para enseñarme la historieta aquella del grito de independencia. Desde luego, no pudo faltar don José Acevedo y Gómez, el famoso, trillado y no estudiado, Tribuno del Pueblo. El 20 de julio se conmemora en Colombia en forma superficial y estúpida, diciéndoles a las gentes que es día nacional y que deben izar una bandera. Claro que en los últimos dos años ha habido un cambio. Ya no importa poner la bandera en el balcón y la ventana sino salir a las plazas a escuchar a todos los cantantes vallenatos y a Shakira, Carlos Vives y Juanes. Esta es la nueva forma de celebración de nuestra historia.

Es bueno comprender que el 20 de julio de 1810 no se dio por historicismo espontáneo. Hay unas causas y también unas consecuencias. Es decir, tres momentos perfectamente articulados. Antes del 20, el 20 y después del 20. Hablemos de antes del 20 para ir hilando todo el carretazo que se maneja en estos días de aparente primavera independentista. España nos colonizó por cerca de trescientos años. La transculturización fue total. Su brazo ideológico lo constituyó la Iglesia Católica con sus conquistadores, su Biblia y su Santa Inquisición. Lo demás, fue la violencia contra nuestras gentes, ejercida en todas las formas, desde la tortura hasta el sicariato de nuestros hombres insignes, no sólo con pistolas españolas, francesas o inglesas, sino con cuchillos y todo tipo de bayonetas. Los realistas o chapetones fueron bastante decididos a la hora de masacrarnos. Hacían cumplir las órdenes de su majestad o de su virrey a cualquier precio. Nuestra condición de vasallos nunca se puso en duda. Obligados a pagar impuestos, a ir a misa, a ser hipócritas y camanduleros, a no pensar, a no escribir, a dejarles los seminarios, los colegios y las universidades a los criollos, léase cundinamarqueses, caucanos o boyacenses, al servicio de la corona (la nueva clase social terrateniente y comercial, digna de recibir privilegios por su lealtad al virrey de turno); pero, también a morir en palacios de la Inquisición y descuartizados al estilo de José Antonio Galán, el líder comunero de la provincia del Socorro, de San Gil, Charalá y Mogotes. Es que los españoles nos hicieron duchos en el arte de la tortura antes de 1810. A José Antonio, a quien le incumplieron un acuerdo de paz que el virrey tiró a la basura al saber su asesinato, fundamentado en la baja de impuestos, en mayores oportunidades y trato justo para las gentes del Socorro y lugares aledaños, lo partieron y macabramente, lo izaron en maderos ubicados en varias localidades de esa provincia, para despertar terror en las comunidades que se atrevieran a protestar o levantarse de nuevo contra los amos españoles. Mucho antes que los paramilitares colombianos ya teníamos esos modelos para aniquilar a los opositores. Ellos nos dieron ejemplarizantes lecciones de muerte atroz, ajustadas a todas las exigencias del Derecho Internacional Humanitario. Si no hubieran muerto sus ejecutores y autores intelectuales, tendría ahí la Corte Penal Internacional mucho trabajo, ahora que rige en Colombia gracias al Tratado de Roma.

Es suficiente desplazarse a Cartagena y visitar el Palacio de la Inquisición, para aprender sobre desmembraciones y lamentos propios de Dante. Todas esas cosas ocurrieron antes del 20 de julio de 1810. Ahora bien, los vientos renovadores de la Revolución Francesa de 1789, la independencia de la América sajona de 1776, la traducción de los Derechos del Hombre y del Ciudadano hecha por Antonio Nariño desde la clandestinidad, la crisis económica de España invadida por Napoleón Bonaparte y el imperialismo expansivo de Inglaterra, hicieron su aporte revolucionario. No fue, pues, el 20 de julio de 1810, una simple algarabía de idiotas veintejulieros en la esquina de la Plaza de Bolívar de Bogotá, porque un rico comerciante español, chapetón hasta la médula que orinaba azul de Prusia, no les prestó un florero, valga decir, una jarra para servirle jugo de maracuyá o tomate de árbol a don Antonio Villavicencio y sus amigos, cercanos todos a la corona de don Fernando Séptimo y católicos hasta la coronilla. ¡Eso jamás! Había unos antecedentes como acabo de explicarlo de la mayor seriedad y con muertos suficientes. Eso hay que decirlo a las nuevas generaciones, a los estudiantes, a todos los que estamos próximos a los grandes conciertos de Juanes y compañía el 20 de julio de 2010, fecha de celebración del famoso bicentenario de nuestra independencia, donde ya se han lanzado hasta globos aerostáticos en cantidad de cien por toda la capital de la república con el nombre de Vuelo de la Libertad y cumplido otras juergas populares con costos cercanos a los cien millones de pesos y constituido una junta bienhechora encabezada por el ilustre escritor del establecimiento, don William Ospina.

A propósito, qué lamentable el discurso del ilustre oidor de Bogotá, don William Ospina, al recibir el Premio Rómulo Gallegos, en Venezuela. Es verdad que su presidente Hugo Chávez ha dado muestras suficientes de ignorancia histórica, de falta de lectura, de mala formación. No fuera más que un hombre de tanta agresividad y desconocimiento de la historia, la filosofía y las humanidades, resultara ser el gran líder de los latinoamericanos. América Latina está sin líderes. No tenemos arcadia. Pero, ello, no lo habilita para decir lo que dijo. Es un discurso típico del arribista colombiano. ¡Claro! Don William sabe que en estos momentos tiene demasiado que perder y en consecuencia más le vale el silencio y la tartamudez histórica. Todo un viraje de la franja amarilla a la franja azul de metileno, como hubiera dicho don Mariano de Melgarejo, aquel del caballo que se orinaba en la cara de sus beodos ministros peruanos. La suya es una intervención erudita que no dice nada de la actual Venezuela por miedo a la izquierda y también por miedo a la derecha. Una camaleonada perfecta. Todos los autores mencionados en su discurso están muertos y, de Colombia, menciona sólo a García Márquez, por el sólo hecho de que él, el oidor don William Ospina, no está por encima de él. De no ser así, tampoco lo habría mencionado. No olvido que cuando ganó las elecciones Obama, esa misma noche el diario El Espectador estaba publicando un texto del oidor dedicado al ilustre líder de las negritudes norteamericanas. Tenía el artículo listo con antelación. Imagino que la Embajada norteamericana lo invitó a la posesión.

Pero, bueno, lo cierto es que el tal oidor no dijo nada relevante en Venezuela. No fue capaz de referirse a los conflictos latinoamericanos, a los tratados de libre comercio, a la instalación de bases norteamericanas en la independiente, hace doscientos años, Colombia; a la crisis aterradora de la economía y la sociedad venezolanas; a la ignorancia de Evo Morales; al analfabetismo de Daniel Ortega; a la pésima formación intelectual de Rafael Correa; al entreguismo descarado y arrodillado de Alan García, el presidente que en su primera elección y en plena posesión, cuando era consecuente, negó el pago de la deuda externa a la banca internacional; hoy, gran amigo de nuestro mandatario.

Producen risa estos autodenominados líderes latinoamericanos, cuando quieren reelegirse indefinidamente, es decir, ser tiranos. Lo escandaloso de todo es que lo hacen a nombre del Libertador. ¡Qué cinismo! Olvidan lo dicho por nuestro gran Simón Bolívar en el discurso ante el Congreso de Angostura: “Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle, y él a mandarlo, de donde se origina la usurpación y la tiranía”. En fin, el suyo fue un discurso ahistórico, mediocre, agazapado, arribista, cuidadoso, propio de quien está empeñado en cuidar los privilegios que da el poder del prestigio y, también, por supuesto, en protegerse con el silencio.

Uno puede tener mucho prestigio como artista, el oidor don William Ospina lo tiene, pero puede ser, también, independiente, asistir a fiestas, emborracharse con el poder político, aceptar cargos diplomáticos, compartir con el establecimiento, conversar, opinar, controvertir; es decir, tener grandeza. Eso lo han practicado valiosos escritores y artistas del mundo, consentidos por el poder, pero, insisto, se debe conservar y defender la independencia. Esta es la forma de ganarse el verdadero respeto, no con el manoseo que gusta tanto a los intelectuales colombianos a cambio de que les otorguen alguna canonjía, llámese embajada o agregaduría cultural. Un artista puede ser independiente y gozar de los más altos reconocimientos del Estado. No pasa entre nosotros. La mayoría cree que para acceder al respeto tiene que renunciar a su voz, a su discurso, a su ideología. Eso ha hecho mucho daño en la formación de la nación colombiana. Ha destruido mucho nuestro criterio como nación civilizada. Ellos han hecho de su vida y de su voz, una verdadera renuncia.

De manera, pues, que cuando llegamos al 20 de julio de 1810 muchas cosas habían sucedido en los campos tributarios, jurídicos, sociales y violentos. Ahora bien, es bueno recordar que en el Acta de Independencia de 1810 nuestros revolucionarios criollos juraron seguir derramando la sangre por su majestad Fernando VII y por la religión católica, madre de todas las doctrinas colonizadoras en América Hispana. La nuestra fue, en consecuencia, una independencia a medias, un escarceo, un amago lleno de miedo, de terror. Y es lógico. No se crea que era un santito don Juan Sámano. ¡Jamás! Era un asesino del más alto perfil, excelentemente calificado. Esa turba chapetona española era sangrienta. Además, porque ideológicamente, desde los comienzos de la colonización, se impuso en los nuevos territorios la doctrina militar del terror, de la misma manera que en los tiempos modernos lo hizo la Escuela de las Américas desde Panamá. Es que nada es nuevo en estos lares.

Qué cosa tan aterradora debieron enfrentar nuestras gentes, nuestros líderes, nuestros campesinos y hombres del pueblo, en la llamada reconquista española. Nunca aceptó España la intentona de independencia de 1810. Recordemos cómo van cayendo uno a uno nuestros próceres. Asesinados, encarcelados, fugitivos, desterrados, despatriados; pero, finalmente, caídos. Camilo Torres, protagonista del 20 de julio de 1810, con un tiro por la espalda en 1816. Antonio Nariño en la Prisión Real de Cádiz. El sabio Francisco José de Caldas, fusilado por la espalda en el que es llamado hoy Parque Santander de Bogotá. Es memorable la frase del realista Pablo Morillo: “España no necesita sabios”. Zea estuvo también preso por cuenta de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, con otros patriotas. Acevedo y Gómez, el llamado Tribuno del Pueblo (recordado por su famosa proclama del 20 de julio de 1810: “Si perdéis estos momentos de efervescencia y calor, si dejáis escapar esta ocasión única y feliz, antes de doce horas seréis tratados como insurgentes: ved —señalando las cárceles— los calabozos, los grillos y las cadenas que os esperan”), murió escondido entre los indios andaquíes, en las selvas del sur del país en 1817, huyendo del régimen del terror impuesto por Pablo Morillo. Igual suerte corrió Emigdio Benítez. Y así, es infinita la lista de persecuciones y asesinatos en la famosa reconquista. Y es que asesinos de la calidad de Pablo Morillo son difíciles de conseguir, pero vale la pena, para el régimen, conseguirlos. Ahora, ¿qué tal un José María Barreiro? La acción de Simón Bolívar y sus amigos fue, sin duda alguna, una verdadera gesta revolucionaria. Es que la independencia de España fue un baño de sangre de muchos años.

Cuando Bolívar libera a Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia, tentado incluso a dirigirse a la Argentina a darle la mano a don José de San Martín, ha pasado por nuestro continente excesivo dolor. No olvidemos la muerte de su gran amigo y sucesor en la Presidencia de Colombia, Antonio José de Sucre, muerto también de un balazo por la espalda. ¡Ay, balazo!, exclamó el Gran Mariscal de Ayacucho en su último estertor. Bolívar sufrió demasiado. Si tuvo momentos de solaz con hermosas mujeres, fiestas populares a su llegada a tierras liberadas, fama, correspondencia importante y otras satisfacciones, es indudable que su alma estuvo cercada por el dolor de la condición humana. Nada más ver la forma tan vil como trató de asesinarlo el general Francisco de Paula Santander, ese agiotista desvergonzado que se atrevió a dejar el testamento más ignominioso que conozca la historia. De no ser por Manuelita Sáenz otra sería la suerte de la Nueva Granada. Nunca nos hemos preguntado qué hubiera pasado si Santander logra su cometido. Pero lo más grave de todo, es que muerto el Libertador de tuberculosis y, sobre todo, de tristeza (“La ingratitud me tiene aniquilado el espíritu habiéndole privado de todos los resortes de acción”, escribe en carta a José F. Madrid el 16 de agosto de 1819), el dolor siguió y siguió como una sombra cuando el sol declina, recordando al padre Choquehuanca.

Somos un continente de dolor sangrante, más que de soledad. Vinieron los egoísmos, las traiciones, las luchas intestinas por el poder en las nuevas clases sociales, los José Antonio Páez, grandes con la lanza y pérfidos en lo político. La carnicería entre centralistas y federalistas fue desgarradora en las tierras que recién habían expulsado al imperio español y sus asesinos. Así atravesamos todo el siglo XIX, de guerra en guerra, de cansancio en cansancio y de traición en traición. Mientras Mosquera asesinaba al general Obando, Bolívar se estremecía en su tumba del olvido en Santa Marta. Se desvanece por completo el sueño bolivariano de unidad, igualdad y fraternidad. En la mitad del siglo XIX tuvimos varias guerras civiles. Nuestra división fue total como nación. Hasta un poeta romántico como don Jorge Isaacs estuvo vinculado a las refriegas de la época. Ya en 1900 se arma la guerra de los mil días, entre los colombianos. En 1903, nuestra oligarquía vende a Panamá para complacer al gobierno americano, mientras el presidente Marroquín se dedica a pulir un verso en su hacienda Yerbabuena. Vale la pena recordar su respuesta a los críticos cuando se perdió Panamá: “¿Y qué más quieren? Me entregan una república y yo les entrego dos”. El cinismo es total, el odio por el pasado, la negación de nuestro heroísmo, del sacrificio por ser, por tener una voz. La burla de las burlas. En 1933 afrontamos la guerra contra el Perú que quiere quitarnos un pedazo en el Amazonas. Le toca al presidente Enrique Olaya Herrera. Llegamos bien descompuestos a los años cuarenta con intentonas de reformas agrarias como la Ley 200 de López Pumarejo. Posteriormente se desata la otra violencia, la del machetazo, el corte de franela, la izada del feto, la desaparición y la tortura, entre liberales y conservadores, entre rojos y azules. De triste recordación Sangre Negra, El Cóndor y El Guatín, entre otros personajes siniestros, hijos de la ignorancia y la actitud criminal de los dirigentes liberales y conservadores. El asesinato de hombres ilustres toma forma de nuevo. Cae en Bogotá a pleno mediodía, de varios balazos, el candidato presidencial Jorge Eliécer Gaitán. A los pocos años, con más de cuatrocientos mil crímenes en las ciudades y campos colombianos, se logra una pacificación mentirosa obtenida con traiciones y más asesinatos como el de Guadalupe Salcedo en Bogotá, atribuido por algunos historiadores al liberal Carlos Lleras Restrepo y otros políticos de alto rango nacional.

Llega el Frente Nacional con toda su carga represiva. Se impone la alternancia en el poder de los dos partidos tradicionales con exclusión de cualquier otra forma del accionar político. Se fortalecen las guerrillas nacidas en las filas del liberalismo. Terminado el Frente Nacional de 16 años en 1974, con Misael Pastrana Borrero, empieza otra violencia peor: la del narcotráfico. A los bombazos y estalladas de aviones de los años ochenta, se suma el activismo guerrillero que toma y destruye pueblos, secuestra y asesina soldados y policías. Y como si fuera poco, surgen los paramilitares, auspiciados por el Estado y enfrentados de manera sangrienta a las guerrillas. Son miles sus muertos. Fusilados, cortados con motosierras, desangrados en todas las formas, arrojados a fosas comunes. Miles de inocentes campesinos, obreros, estudiantes, sindicalistas, trabajadores, miembros de partidos políticos de izquierda, candidatos presidenciales, son víctimas del nuevo orden que se impone en el territorio nacional con el silencio del establecimiento, su cómplice solapado.

En esas condiciones, arribamos al siglo XXI. Bañados en sangre, separados, divorciados, lejos de cualquier ideal bolivariano de unidad y reconciliación. Nada ha cambiado en estos nueve años del prometedor siglo que fue recibido con luces multicolores anunciantes de esperanza. Se firmó un Acuerdo de Paz con los paramilitares que ellos mismos han denunciado como una traición. El accionar de las armas de todos los bandos crece en los campos y ciudades. La vorágine no se detiene. Sigue la agonía, el lamento, el canibalismo. Nada hemos avanzado. Lo contrario, retrocedemos con indiferencia, sin alma, sin sueños, sin magia. Sin ninguna capacidad de reconstrucción, de mirar al frente; sin deleitarnos en la ilusión y la esperanza, esas dos palabras hijas de los dioses.

Los actos de negación se nos repiten cada día. Seguimos crucificados, mirando hacia abajo, sin horizonte. O como murciélagos, observando apenas la sombra de la silenciosa noche. Unos verdaderos dráculas acostados entre la mortaja, huyéndole a la luz.

Ya no necesitamos poetas ensimismados, encerrados, escritores para adentro, rendidores de culto al malditismo. Estamos agotados de poetas malditos anacrónicos, renunciados al mundo, divorciados del hombre. Exigimos poetas para el mundo, pues el poeta tiene que ser ante todo un hombre.

Acaba de firmarse un acuerdo para la instalación de siete bases militares norteamericanas en territorio colombiano, que nos convertirá, gústenos o no, en un escenario geoestratégico para la confrontación regional. Bolívar no quería eso. Mientras tanto, se sigue escribiendo mucha poesía, publicando mucho libro, pero con pocos poetas a bordo. Es una realidad. Unos, escriben aserrín. Otros, plagian autores europeos de hace doscientos o trescientos años, para descrestar bobos, para copiarse como negativos. Y otros más, que ignoran dónde están parados. Los restantes, víctimas de una ignorancia, un narcisismo y una pedantería mariconas. Todo ello, mientras el oidor o regidor o comendador don William Ospina, escribe discursos inanes para señoras amantes del tresillo y publica elegías de varones ilustres de Indias que le permitan ser invitado a la Casa de América en España. Otra gran burla.

La Prensa Y El Bicentenario


EDITORIAL EL TIEMPO/ ENERO 2010

Entre todas las razones para conmemorar el bicentenario de la independencia, hay una que merece especial atención: el nacimiento de la libertad de imprenta y sus libertades asociadas. Este debería ser también el bicentenario del periodismo moderno en Colombia.

Hubo antecedentes desde la edición del Papel periódico, por Manuel del Socorro Rodríguez, en 1791. Sin embargo, como advirte Renán Silva, el desarrollo de la prensa exigía el reconocimiento de las libertades –de expresión, de pensamiento, de comercio–, donde se encuentran “la originalidad” y “los nuevos caminos... para el periodismo después de 1808” (La ilustración en el virreinato de la Nueva Granada, Medellín: La Carreta, 2005).

En este bicentenario sobresalen así las fundaciones de dos periódicos: el Diario político de Santa Fé de Bogotá, que apareció el 27 de agosto de 1810 bajo las orientaciones de José Joaquín Camacho y Francisco José de Caldas; y el Argos americano, que publicaron desde el 17 de septiembre de ese año en Cartagena José Fernández de Madrid y Manuel Rodríguez Torices. Ambos periódicos formaron parte de lo que Silva llamó “prensa de transición”, pero cumplieron funciones importantes al “comunicar” ideas y “fijar la opinión pública”, señales de modernidad política.

Tanto el Diario como el Argos valoraron desde sus primeras páginas las recién conquistadas libertades. “El Diario político puede mirarse como los anales de nuestra libertad”, escribieron Camacho y Caldas en su ‘Prospecto’, aquel 27 de agosto. En efecto, la palabra “libertad” fue la que se repitió con más frecuencia en este anticipo del Diario. Sus editores expresaban con emoción ingenua: “escribimos en el seno de un pueblo libre, escribimos con libertad”. E incitaban a “literatos y sabios” a ¡escribir!, a “escribir para hacernos libre, independientes y felices”. Ya no había que temer: “la Patria es libre, libres sois vosotros”.

Camacho y Caldas se aventuraron allí a definir la libertad. La distinguieron del “libertinaje” –la falta de “todo freno y todo respeto”, la ausencia de obligaciones morales y civiles, la “suma de todos los vicios y de todos los males”. En su definición había referencias a la Roma antigua, pero hay en ella tonos muy modernos: “el hombre libre es el que obedece solo a la ley, el que no está sujeto al capricho y a las pasiones de los depositarios del poder. Un pueblo es libre cuando no es el juguete del que manda”.

Vislumbraban, también ingenuamente, un “siglo de oro” donde el “ciudadano tranquilo en el goce de sus derechos podrá entregarse a las dulzuras de la vida privada”.

Las páginas de ambos periódicos son además fuentes indispensable para estudiar los sucesos que condujeron a la independencia. Desde su número 2, a fines de agosto, el Diario comenzó a publicar un relato de los eventos del 20 de julio en Bogotá, donde se puede leer la arenga de Acebedo y Gómez –de obligatoria memorización en mis años escolares–, y se narran momentos de agitada participación popular en los que “las mujeres daban ejemplos a los soldados”. En el Argos americano –estudiado en un ensayo de María Teresa Ripoll– se puede seguir también la evolución del sentimiento emancipador, desde el apoyo a la Junta de Sevilla hasta la proclamación de la “independencia absoluta” en Cartagena.

Renán Silva se lamentaba de la poca atención que los historiadores han prestado a la prensa del siglo XIX. Hay estudios excepcionales, como el de David Bushnell. Y deben destacarse investigaciones más recientes, como las de Gilberto Loaiza sobre el Neo-Granadino o de Adriana Días sobre El Telegrama. Sin embargo, el bicentenario tendría que ser la ocasión para motivar mayor interés en la historia aún inexplorada de la prensa. Por su más amplio significado –en sus relaciones con el libro, la opinión pública, las comunicaciones–, la conmemoración de estos 200 años de periodismo moderno debería ser la gran fiesta del mundo editorial colombiano

El curso de la historia


eltiempo.com / opinión / columnistas Yolanda Reyes





Ahora que los festejos del bicentenario han puesto de moda la historia en las noticias de farándula, me dio por recordar la lista de batallas y de próceres en átomos volando, la anécdota del florero roto en la Bogotá social de 1810 y todos los "hechos aislados" que nos hacían memorizar en el colegio y que nos daban la sensación de estar perdiendo el tiempo entre las vidas de esos muertos a quienes denominábamos "padres de la patria".

Así aprendimos que la historia era una materia tan inerte como los listados de causas y consecuencias que recitábamos, sin sospechar ninguna conexión con la consecuencia de estar viviendo aquí y ahora y de haber heredado, con nuestra lengua y nuestro rostro, una cadena de acontecimientos que eran parte de ese contínuum llamado Nuestro Tiempo. Nadie nos explicó que el hoy podía ser consecuencia del ayer y causa del mañana y que la historia era un discurso, contado con múltiples versiones y escrito a muchas manos, para intentar dar cuenta de nuestro paso por el mundo y aventurar sentidos, a partir de las preguntas recurrentes: de dónde vinimos y a dónde vamos.

Al examinar este presente incierto y desesperanzado, se me ocurre que nuestra concepción de sociedad y nuestra forma actual de asumir la política son hijas de aquellas lecciones de historia que nos presentaban una serie de episodios accidentales e inconexos, protagonizados por unos pocos "héroes" de turno. Quizás por eso, las consejas palaciegas y los cónclaves de estos nuevos padres de la patria que suelen decidir, al filo de la medianoche, "lo que el pueblo anhela", nos parecen normales, como si aún creyéramos que el curso de la historia depende de una providencia inescrutable -o de la "encrucijada del alma" de un individuo- y como si nos hubieran eximido del deber y del derecho de influir sobre los acontecimientos.

En estos días de enero, al ordenar papeles, me topé con un ejemplar de EL TIEMPO del primero de diciembre del 2004. 'Uribe, con el camino libre para reelección', abría su titular. "El ministro del Interior y de Justicia, Sabas Pretelt, agradeció al Congreso la aprobación de la reforma y dijo confiar en que esta será avalada por la Corte Constitucional", leí en primera página, y vi la foto del Ministro en la segunda, rodeado por los representantes triunfadores. Sentí la responsabilidad de examinar con lupa algunas caras felices que hoy, seis años después, denuncian la falta de garantías para las elecciones. Esa es la historia, señoras y señores: ese intervalo que se extiende entre las caras felices y las caras largas. O, para decirlo como no nos lo explicaron nuestros textos escolares, la relación real entre causas y consecuencias.

"El Artículo 197 de la Constitución Política quedará así: Nadie podrá ser elegido para ocupar la Presidencia de la República por más de dos períodos". "Los opositores advirtieron sobre la concentración del poder en el Presidente candidato", consta también en ese Tiempo de hace seis años, que hoy puede servir de Datacrédito para elegir a quienes otorgaremos poder para representarnos. ¿No es eso lo que haríamos si se tratara de nuestros asuntos personales?

En vez de hacer festejos, la historia debería servir para despertar nuestra conciencia social y política y para saber que dejamos constancia de nuestra pertenencia a grupos que definen nuestros asuntos públicos (que también son personales). Con la capacidad de estructurar el tiempo en el lenguaje, que vamos conquistando desde la niñez, entramos en la historia. Narrar es adquirir esa conciencia que nos habilita para tomar parte en la incesante conversación entre lo construido y lo que está por construir y para saber que todos escribimos los renglones de esos diarios que serán el texto de las generaciones venideras. Por eso, conviene tener claro que, tanto los vencedores como los vencidos, nos hacemos responsables del curso de la historia, con lo que hacemos y decimos y callamos y otorgamos. Es una enorme responsabilidad, ¿no les parece?


Yolanda Reyes

domingo, 24 de enero de 2010

sábado, 23 de enero de 2010

FALLO CONCURSO HISTORIAS DE AMOR SAN VALENTIN TIMBIO-CITY



ACTA JURADO
I CONCURSO DE HISTORIAS DE AMOR “SAN VALENTIN”
En Timbío, Cauca el día 18 de enero del 2010, se reunieron los suscritos miembros del Jurado del concurso, convocado por las Fundaciones Antahakarana y Nuevo Amanecer, a través de sus directores respectivos Gustavo Adolfo Constaín Ruales y Marco Antonio Valencia Calle, a fin de emitir su fallo.
El tema versaba sobre historias de amor. El concurso buscaba abrir un espacio de difusión y publicación a escritores de la ciudad, la región y el país, que merecen destacarse por la calidad de sus historias, e indudablemente se logro.
El jurado de la selección de los cuentos seleccionados dos por mes, desde enero hasta noviembre de 2009, veintidós (22) cuentos en total, escogió el ganador más los votos de nuestros lectores. Las obras llegaron a través de correo electrónico. Llegaron ciento treinta y un cuentos (131) de todos los lugares de la patria, de América latina y del mundo.
En Colombia llegaron desde Montería hasta Ipiales y de Villavicencio hasta Tierradentro. Cali fue la ciudad que más envió con 12 historias, seguida por Bogotá con 10 y Popayán con 9 cuentos. A su vez los ganadores por mes, quedaron repartidos en toda la vastedad de la patria. Compatriotas residentes en España, Estados Unidos, Venezuela, Ecuador, Perú, Argentina y Uruguay, enviaron sus obras. Extranjeros enviaron sus trabajos de los mismo países mencionados, obras de indudable valor literario, pero como estaba estipulado, solo era para nacionales colombianos. Catorce historias llegaron de Argentina. Además se descartaron varios cuentos por ser de temática diferente, o demasiado extensos o ser poesía.
Una vez hecha la preselección, el jurado de forma unánime declara un ganador y recomienda otorgar dos menciones de honor.

GANADOR
¿ALBERTO, QUIÉN FUISTE?, por ADRIANA ANGÉLICA ANGARITA MARTÍNEZ, de la ciudad de Ibagué. Un escrito que resume en su esencia el amor como un hecho sublime que sobrepasa el tiempo y las circunstancias.
PRIMERA MENCION DE HONOR.
LAS PALABRAS Y LA VENTANA por Anadetoro, correspondiente a ANA MARÍA CASTRO ROLDÁN, de la ciudad de Santiago de Cali. En el escrito se ve la delicia de contar una historia muy personal, en el campo de la amistad, la soledad y la vida misma con el amor en forma perenne.
SEGUNDA MENCION DE HONOR.
UNA FLOR Y UN COLIBRÍ, por Cupido correspondiente a WILMER HERNÁN QUIÑONES DÍAZ, de la ciudad de Timbío. En la obra se siente lo sencillo y perfecto de contar una historia corta, de un amor hallado y perdido.
El premio de quinientos mil pesos ($ 500.000) se le entregara al ganador en ceremonia a celebrarse el día de San Valentín, el 27 de febrero del 2010, a las 5:00PM en la Casa de la Cultura de Timbío, Cauca. Las anteriores obras serán publicadas en un libro, que se les obsequiara a los ganadores.
Los cuentos seleccionados por mes, más el ganador y las menciones de honor a su vez serán publicados en los sitios web http://timbiocity.blogspot.com/ y http://www.gustavoadolfoconstainr.blogspot.com/.
Están invitados todos los concursantes al evento de la premiación.
Los organizadores desean hacer público su agradecimiento a todos los amigos, periodistas y gestores culturales que apoyaron difundiendo esta convocatoria.

El alacrán en el periodismo satírico del Siglo XIX

por Luis Fernando García Núñez.
REVISTA CREDENCIAL

El Alacrán y el periodismo satírico

Sólo siete números de El Alacrán bastaron para que no pasara inadvertido en la larga y prolífica historia del periodismo colombiano, sobre todo del siglo XIX, y de ese periodismo cáustico que dejó una serie de testimonios, entre los cuales podemos mencionar El Duende, que alcanzó a publicar 78 números, El Charivari Bogotano, de muy corta duración; La Jeringa, que sólo tuvo un mes de vida; El Trovador, editado entre mayo y agosto de 1850; Cabrión, un periódico jocoso que apareció en 1853 en Ocaña; El Loco, que alcanzó 36 números. En 1858, el 13 de febrero, se presenta Las Arracachas. Luego vienen otros que el editor Nicolás Pontón hizo en su imprenta: La Bruja, Los Locos y El Chino de Bogotá, El Amolador, El Cachaco. Y podremos agregar los que publicaron caricatura política como Los Matachines Ilustrados, Periódico de los Muchachos i Muchachas, El Mochuelo, El Alcanfor, El Fígaro, El Zancudo, Mefistófeles, El Mago, entre otros.

En Popayán Los Loros, escrito en verso y redactado por los poetas Nicolás Balcázar Grijalva y Pedro Pablo Castrillón, produjo tanto escándalo como El Alacrán en Bogotá. Y es que el semanario de Germán Gutiérrez de Piñeres y Joaquín Pablo Posada, de “tendencias socialistas” y en el que “exageraron la procacidad, viéndose sus redactores frecuentemente perseguidos y vapulados”1, tuvo el título preciso para cumplir con su cometido de “moralizar el ambiente”. La ponzoña que salía de sus hojas cumplía el “objeto principal”, que era “divertirnos i divertir, no despreciaremos ocasión ninguna para el efecto, i a trueque de arrancar una carcajada a un corrillo de amables cachacos, sin escrúpulo haremos morder los labios a nuestro mejor amigo, y aun a nuestros caros parientes” 2.

Su aparición fue un acontecimiento significativo en la fría y entonces convulsionada Bogotá, que el domingo 28 de enero de 1849 conoció el primero de los siete números que se publicaron. Dice José María Cordovez Moure, en sus Reminiscencias de Santafé y Bogotá, que ese día “se veía a los bogotanos formando grupos en las esquinas de las calles con la mirada puesta en las paredes. Leían con asombro el siguiente anuncio, impreso en letras gordas:

“Hoy sale El Alacrán, reptil rabioso,
que hiere sin piedad, sin compasión;
animal iracundo y venenoso
que clava indiferente su aguijón.
Estaba entre los tipos escondido,
emponzoñando su punzón fatal,
mas, ¡ay!, que de la imprenta se ha salido
y lo da Pancho Pardo por un real”3.

Y es que este semanario, que “sacudió a Bogotá con más vehemencia que el terremoto de 1785”, según E.S.M. (¿Enrique Santos Molano?) en el prólogo de una edición facsimilar, levantó muchas heridas en una sociedad desigual, autoritaria, corrupta, en la que empezaban a surgir sectores como los artesanos, comprometidos con otra forma de ver la política. Aparece, entonces, El Alacrán, que se identifica como comunista. “Como tal, habla en nombre de las mayorías oprimidas: ‘¿Por qué esta guerra de los ricos contra nosotros? Porque ya han visto que hai quien tome la causa de los oprimidos, de los sacrificados, de los infelices, a cuyo número pertenecemos’”4.

Fueron estos años de la historia colombiana difíciles y durante ellos se quiso consolidar un proyecto largamente añorado por los sectores progresistas de la sociedad colombiana y, sin duda, una de las razones del escándalo que contribuyó “a radicalizar posiciones y a reforzar no sólo los argumentos e ideas, sino el estado anímico de los artesanos, estudiantes y demás ciudadanos que inclinaron la balanza electoral a favor del general José Hilario López, aguerrido militante liberal y protagonista de la vida política desde las primeras conmociones civiles de la vida republicana”5.

FUENTE: REVISTA CREDENCIAL

BICENTENARIO EN MENDOZA ARTENTINA

viernes, 22 de enero de 2010

EL PARQUE BICENTENARIO DE MEDELLIN

El Parque Bicentenario de Medellín obtuvo reconocimiento internacional en España
El Parque Bicentenario, proyecto de la Alcaldía de Medellín operado por la Empresa de Desarrollo Urbano EDU, obtuvo el segundo puesto como finalista en el Premio Santiago de Compostela de Cooperación Urbana 2009, en España.

jueves, 21 de enero de 2010


LA ALTA CONSEJERÍA PARA EL BICENTENARIO, EL DESPACHO DEL VICEMINISTRERIO DE TURISMO DEL MINISTERIO DE COMERCIO, INDUSTRIA Y TURISMO Y COLDEPORTES

La Realización del

RALLY BICENTENARIO DE COLOMBIA 1810 – 2010 a cargo delSeñor VALENTÍN DEAZA VANEGAS
cuyo recorrido continuará desde Panamá, Centroamérica, México y Estados Unidos de América

Mayores informes valentindeaza@yahoo.com

miércoles, 20 de enero de 2010

El bicentenario... del 'Gatopardo'

eltiempo.com / opinión / columnistas

POR: JUAN ESTEBAN CONSTAIN

El caso de Giuseppe Tomasi, onceno príncipe de Lampedusa, es uno de los más conmovedores y ejemplares en la historia de la literatura. No fue un poeta maldito, y ni siquiera un poeta; no aparecía en manifiestos, ni leía a Bolaño, ni sufría en vez de escribir o por hacerlo.

Era el resignado e imposible heredero de una isla que más les pertenecía a las piedras, y sus títulos de nobleza apenas le alcanzaron para comprar libros y dulces en Palermo, y para darles clases de literatura inglesa y francesa, cuyos rincones conocía con maestría, a un sobrino y su mejor amigo. Llevaba siempre (cuenta Javier Marías) una edición de los sonetos de Shakespeare en el bolsillo, por si se cruzaba con cualquier vulgaridad en la calle; entonces la leía al azar, para consolarse de la humanidad.Y escribió el Príncipe una de las mejores novelas de todos los tiempos, El Gatopardo, en la que recrea precisamente la lucidez con que un viejo noble siciliano, Fabrizio Salina, ve cómo su mundo se le disuelve entre las manos, mientras el aire del Mediterráneo carga ya los gritos de la revuelta y Garibaldi.

La novela se hizo famosa no sólo por su destino trágico -fue publicada póstumamente luego de varios rechazos, e Italia la consagró de inmediato como una de sus obras mayores, hasta el punto que Luchino Visconti hizo de ella una hermosa película en 1963- sino también porque allí se narra, con belleza y maestría, la manera en que los poderosos se sirven del cambio y su engañoso discurso, para seguir siéndolo hasta el final de los días. Para que la Revolución sea el instrumento de la oligarquía (según Sócrates "el gobierno en que los ricos mandan y los demás no") y para que todo cambio consista siempre en que las cosas queden como estaban, y a veces peor. Esa es quizás la escena más famosa de El Gatopardo: cuando el sobrino Tancredi, listo para unirse al caos, le dice a don Fabrizio: "¡si queremos que todo se quede como está, es necesario que todo cambie!". Eso es el gatopardismo.

Y recuerdo esto porque ahora sí se nos vino en serio lo del bicentenario (menos mal hay Mundial), y hasta el año 25 no se hablará en nuestros países de nada más, presidentes vitalicios aparte. Y aunque no todo será el delirio patriotero y las estatuas, nunca sobra regar un poco más de sal a la hora de la fiesta. Y decir, como en su tiempo lo hizo Fernando Guillén Martínez, que nuestra Revolución fue un episodio del más puro gatopardismo, y que quienes la hicieron no acababan con el orden colonial, sino que lo prolongaban y encarnaban en todos sus matices, llevándolo a una "etapa superior" e infinita en la que la ausencia de la Monarquía y sus fueros dejó a los criollos sin límites ni pudores, herederos felices de la Encomienda, dueños por fin del potrero.

Que Caldas, Torres, Lozano y demás eran unos perfectos hidalgos castellanos -al menos eso es lo que reivindican siempre en sus escritos, que en nada difieren de los memoriales del siglo XVII en que los "españoles americanos" buscaban cada vez mejores puestos- y su actitud no desmerecía nunca: de allí su apego voraz por la burocracia, y esa obsesión por la blancura propia de los dueños periféricos de todo Imperio. Hombres del barroco (aquí hasta el tiempo llegó tarde: la reforma gregoriana del calendario, en el siglo XVI, se demoró seis meses en un barco) a los que Napoleón les tuvo que hacer la independencia.Revisen las bibliotecas de los próceres. Cuando leyeron a Newton (yo vi el ejemplar de Eloy Valenzuela) sólo subrayaron sus interpretaciones del Antiguo Testamento. Ese fue el drama de nuestra Revolución: que fuera una revolución burguesa en una sociedad que no lo era, con unas estructuras culturales y políticas completamente hispánicas y medievales.Dios sabe cómo hace sus cosas: el primer príncipe italiano de Lampedusa, ancestro del autor de El Gatopardo, recibió su corona de un rey español. Sí: todo tiene que cambiar para que nada cambie.catuloelperro@hotmail.com

CONCURSO EL MENU BICENTENARIO


MEXICO Presenta tu menú para el Bicentenario
La gastronomía de nuestro país es uno de los más reconocidos a escala mundial, gracias a su diversidad y sabor. Por ello, la prestigiada institución del Claustro de Sor Juana y el Festival de México no dudaron en presentar la primera edición del concurso Historias y Sabores de México, Menú del Bicentenario






Natalia Gutiérrez
El Universal
Miércoles 06 de enero de 2010
natalia.gutierrez@eluniversal.com.mx

La gastronomía de nuestro país es uno de los más reconocidos a escala mundial, gracias a su diversidad y sabor. Por ello, la prestigiada institución del Claustro de Sor Juana y el Festival de México no dudaron en presentar la primera edición del concurso Historias y Sabores de México, Menú del Bicentenario.

El objetivo de este certamen es reconocer y conservar las tradiciones mexicanas, fomentando no sólo la preparación de deliciosas recetas, sino la investigación histórica de las mismas.

Esta competencia estará abierta a todos los interesados mayores de edad, quienes deberán elaborar un trabajo en el que se incluya la receta de un platillo mexicano, la cual deberá contar con una referencia histórica o literaria que aparezca en un libro o documento publicado y que sea accesible al auditorio.

La elaboración del plato tendrá que acompañarse de un ensayo - no mayor a tres cuartillas- que justifique su importancia dentro de nuestra sociedad. La receta puede abarcar cualquier época de la cultura mexicana

Sabor del bueno

El concurso se encuentra dividido en las siguientes categorías: entrada, sopa, plato fuerte y postre. Los participantes tendrán como reto el interpretar el platillo de manera que represente la riqueza gastronómica del país.

Los proyectos recibidos serán evaluados por un comité de selección, el cual estará integrado por reconocidas figuras provenientes de organismos como el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, la Universidad Iberoamericana y la propia Universidad del Claustro de Sor Juana; además de gastrónomos y chefs.

Para registrarse, los interesados deberán ingresar en la página www.elclaustro.edu.mx y presentar los documentos que ahí se señalan. La convocatoria estará abierta del 7 de enero al 7 de febrero, lapso en el que se recibirán los trabajos. Los ganadores se darán a conocer el 27 de marzo de 2010.

martes, 19 de enero de 2010

La disputa por el Bicentenario

TRIBUNA: SABINO BASTIDAS COLINAS

Fragmentado, sin rumbo y desorganizado, con una clase política sin imaginación ni visión de futuro, México celebrará dos siglos de independencia


México conmemora en 2010 el bicentenario de su independencia y el centenario de su revolución.



El ánimo de la gente, la lenta recuperación económica, los nuevos impuestos, los recortes presupuestales, el caos organizativo, la falta de planeación y de coordinación, y sobre todo la disputa política por el bicentenario, prometen hacer de los festejos, más un asunto de partidos y de políticos, que un tema de la sociedad en general.

México llega al bicentenario después de una de las peores crisis económicas de su historia moderna. Eso sumado a una de las peores rachas que hemos vivido en muchos frentes: desempleo, crisis de agua, guerra contra la delincuencia, ejecuciones y violencia, inseguridad, epidemia de influenza, heladas, entre otros temas.

Lo que sorprende es que no sea peor el ánimo de la gente. Lo que verdaderamente llama la atención, es el optimismo del mexicano después de que le pasan por encima casi las siete plagas de Egipto.

En este contexto, es claro que el bicentenario se convertirá más en un asunto de políticos que de ciudadanos. El bicentenario se convertirá en la arena política en la que todos los partidos y los actores políticos del país tratarán de capitalizar electoralmente los festejos y apropiarse del sentido y el significado de la conmemoración.

El bicentenario se convierte así en un momento político fundamental para los precandidatos a la Presidencia rumbo a las elecciones del 2012. Todos los aspirantes, de todos los partidos, tratarán de demostrar que representan la sucesión y la consecuencia histórica de esos aniversarios y tratarán de hacer suya la narrativa histórica del país. Finalmente, la historia es de quien la trabaja, y todos los partidos tratarán de acomodar y reconstruir la narrativa de la historia patria, para explicar y justificar sus proyectos, su ideología y su oferta política. Además de que por supuesto, todos tratarán de probar que son los mejores organizadores de eventos y de festejos.

Esto garantiza cuatro cosas: imprudencia, demagogia, despilfarro y populismo.

El error de origen creo, está y estuvo, en la falta de visión, de coordinación y de convocatoria del Ejecutivo Federal. El bicentenario era desde un principio su responsabilidad y la conmemoración requería sin duda planeación y articulación de los esfuerzos de todos los estados y niveles de gobierno. Era necesario construir políticamente una sola instancia capaz de articular, unificar y sumar a todos los sectores y grupos de la sociedad. Desafortunadamente no se hizo.

La visión burocrática y centralista de los festejos, aunado a la demora en la definición final de los organizadores, dará como resultado lo que ya sabemos que pasará. Es verdad, apenas empieza el 2010, pero estas cosas no se improvisan, ni se construyen proyectos por generación espontánea, ni de la noche a la mañana.

Hoy podemos prever y pronosticar lo que ya sabemos que sí será y lo que ya sabemos que no será la conmemoración del bicentenario: sí será una gran pachanga, una gran juerga y una gran cantidad de fiestas aisladas. Cada una con sus discursos, sus fuegos artificiales y sus luces de colores. Sí será un gran despilfarro de recursos. Sí será una colección de actividades aisladas y sin sentido. Sí será una sucesión de comilonas, ceremonias y eventos, para políticos e invitados VIP.

No será un momento de unidad nacional. No será un gran momento de reflexión, ni para el debate de las ideas, ni será un relanzamiento del país. No será la ocasión para la entrega de grandes resultados. No será la oportunidad para la redefinición de un gran proyecto de nación, ni será un momento de revisión y autocrítica. No será un replanteamiento integral del país. No será el año de la entrega de las grandes obras, ni de los grandes resultados.

El bicentenario era una gran oportunidad para que, de manera natural, la democracia mostrara su ruta y sus primeros resultados. La conmemoración coincide con los primeros 15 años de democracia institucional y los primeros 10 de alternancia. Era un momento inmejorable para ser aprovechado para mejorar el ánimo nacional, para restañar heridas, y para demostrar la consolidación de la democracia. No será así. Se perderá el símbolo, el momento y la oportunidad, para construir un ánimo diferente en el país.

Sin duda lo más importante era la idea. Darle sentido y contenido a las conmemoraciones, y construir en torno a ellas una etapa y una actitud diferente. Era fundamental convocar a todos. Ver unidos a todos los actores, de todos los estados y de todos los partidos. No era un asunto solo de la fiesta. Eso es lo de menos. Era un tema de símbolos. Los fuegos artificiales se echarán de todas formas igual en todos los estados y en todos los pueblos del país. El punto era convocar y sumar a todos en torno a una conmemoración en torno a un gran proyecto a grandes temas, políticas y a ideas.

Era una buena oportunidad concentrar esfuerzos, alinear recursos y para entregar algunos grandes resultados de infraestructura o de política pública.

Hubiera sido muy importante, por ejemplo, que en el año del bicentenario se hubiera erradicado totalmente el analfabetismo en el país, o se hubiera logrado el 100% en la cobertura de salud, o se hubiera acabado con la pobreza extrema, por lo menos con el segmento de los más miserables.
Era el gran momento para entregar, por ejemplo, los grandes nodos de infraestructura logística del país, o bien una nueva ciudad de México, o quizá las grandes ciudades del conocimiento. Era buen momento para entregar una nueva red de aeropuertos o puertos marítimos. Una nueva red de laboratorios o centros de investigación. Era un buen pretexto para los nuevos museos, el nuevo corredor comercial del istmo, los nuevos corredores turísticos, o que se yo, lo que se tenga pensado como ruta y visión de país.

Desde un principio era necesario construir en conjunto una serie de festejos que abarcaran una visión nacional, transversal, integral del festejo. Algo que abarcara y recorriera todo el país. Tener a todos festejando, de manera simultánea, unidos, en torno a una gran idea.

En contraste, tenemos una gran dispersión de celebraciones, repetitivas, más o menos organizadas, que en la mayor parte de los casos, están pensando en la cena y en la fiesta de "la noche del grito" (que conmemora el llamado a la rebelión que hiciera la noche del 15 de septiembre el cura Miguel Hidalgo). Que desperdicio. Hoy tenemos operando en el país todo un archipiélago de comités y comisiones del bicentenario, en cada uno de los estados y en cientos de municipios.

Era necesaria una articulación con visión de conjunto, una gran convocatoria nacional a la reflexión de las grandes ideas y a la construcción de una visión compartida, de un proyecto de país que es claro hoy no tenemos claro. Como decía Ortega y Gasset, hay momentos en los que no sabemos lo que nos pasa y eso es precisamente lo que nos pasa.
La organización nacional del bicentenario es y ha sido caótica. Viviremos un festejo fragmentado y partidizado. El bicentenario será finalmente una competencia entre partidos, entre gobiernos y entre políticos. Viviremos la disputa por el bicentenario. En lugar de unificar, cada quien estará en su fiesta, y lo más probable es que nunca veremos juntos a los grandes líderes políticos del país.
Todos disputarán su presencia en los medios y la mejor calificación ciudadana en los festejos. Mediremos los festejos por los minutos que duren los fuegos artificiales la noche del 15 de septiembre, por los minutos que cada político ocupe en el horario estelar de la televisión y por la evaluación de las encuestas. Al tiempo.
Tendremos en la lupa política y competirán tres festejos: el del PAN que será el del gobierno federal, el del PRD que será el que se organice en el Distrito Federal y el del PRI que será el que se organice en el Estado de México. Nos espera un año lleno de discursos, de frases hechas y de lugares comunes. Un año de inflación historiográfica y de harta retórica política, inflamada de un patriotismo poco creíble, en voz de una clase política que está dando pobres resultados en democracia.
Nos espera que cualquier pavimentación o remodelación lleve necesariamente el apellido del bicentenario y entre de manera obligatoria a la cuenta de los festejos. Ya está pasando. Le pondremos el nombre del bicentenario a cualquier cosa y a cualquier obra pública, que se entregue o se lleve a cabo en el país. Tendremos el paseo del bicentenario, la presa del bicentenario, el puente del bicentenario, la plaza del bicentenario, pero hasta en los municipios más modestos avanza la inercia y ya estamos construyendo la fuente del bicentenario, la acera del bicentenario y hasta el farol del bicentenario...
En el fondo y resignado, creo que es una buena manera de conmemorar el bicentenario. Mejor dicho es una forma congruente de festejarlo. Por sus festejos los conoceréis. Estamos celebrando correctamente. Reflejando lo que somos y lo que estamos construyendo. Mostrando un México fragmentado, sin rumbo y desorganizado, una clase política sin imaginación y sin visión de futuro, y sobre todo una sociedad civil apática, expectante y adormecida.
Los ciudadanos no hemos hecho nuestra la conmemoración. No hemos tenido la capacidad de construir una iniciativa por encima del gobierno, de los partidos o de la clase política. Nos dejamos expropiar el bicentenario, en una gran metáfora, de que también nos estamos dejando expropiar el país y la democracia.

200 AÑOS DE HISTORIA / DESDE ARGENTINA


lunes, 18 de enero de 2010

LAS MUJERES EN LA INDEPENDENCIA



En la Independencia la mujer tambien desempeño un papel muy importante dentro de la emancipación del pueblo y no solo las damas notables de la capital sino aquellas mujeres que en las provincias sacrificaron sus vidas por una causa común, una revolución que las llevara a la Independecia de los pueblos.

En su papel de mujer fueron amas de casa, esposas, compañeras y amigas no solo unificadoras de un pueblo sino de una familia, la misma Patria.

Y EL MONUMENTO A LOS HÉROES DESCONOCIDOS?

Valoro su sentido latinoamericano, pero le pregunto si en plena tierra “comunera” no sería más original y justo construir uno a los hombres y mujeres anónimos que lucharon por la emancipación de estos pueblos. O, para ponerlo en términos del maestro Fals Borda, acaso construir un monumento “anfibio” o con “dos canales”: uno de la Historia Monumental, de los grandes nombres (los Bolívar, Santander, etc.) y uno de historias mínimas, de los sin-nombre (los Jacintos, las Juanas, etc). En estos tiempos en que tanto se habla de Bicentenario, conviene releer la Historia de Henao y Arrubla y comprender hasta qué punto la “historia oficial” estuvo hecha a partir de profundos vacíos y maniqueísmos. Uno de ellos es encontrar en las páginas de ese libro que el movimiento de los Comuneros no tenía (ni podía tener) la más mínima idea sobre Libertad, pues ésta estaba reservada para las élites criollas. Lo leo en un excelente artículo de Santiago Castro Gómez, en el libro colectivo, Genealogías de la colombianidad. Ojalá se hable de este libro en el “Rincón de la academia” de los domingos o en “Página de libros” de los viernes.

Antonia Herrera.
Bucaramanga.

EL FIERO/ EL BALON DEL BICENTENARIO


La Federación Mexicana de Futbol dio a conocer el balón que se utilizará durante el próximo torneo: el Fiero Bicentenario, el cual es fabricado por la empresa Voit.

La compañía asegura que es el “balón más mexicano”, sin embargo, no ocupa ni el color verde ni el rojo, tonos patrios. El argumento que da la firma es que se eligió el color celeste “debido a la visibilidad en la cancha”. Su diseño utiliza los colores azul y blanco sobre una base típica de hexágonos y pentágonos que dan la forma a este esférico, cuyo diseño gráfico se exhibe con triángulos que presentan esquinas redondeadas y están rellenos en color azul.

domingo, 17 de enero de 2010

LAS HISTORIAS NACIONALES

Hace unos años Tristan Platt escribió que “La comparación entre ‘historias nacionales’ permite percibirlas como aspectos constituyentes de un solo proceso compartido, cuyas determinaciones externas eran similares, pero que experimentaría con ritmos y mediaciones propias de cada país y subregión. Crecientemente, los historiadores ‘nacionales’ se verán obligados a compenetrarse con las experiencias de los países vecinos para lograr una visión adecuada de conjunto”.

sábado, 16 de enero de 2010

el bicentenario.. y los municipios

En toda nación existen acontecimientos históricos que reúnen a la comunidad en una reflexión colectiva sobre su pasado, presente y futuro. Es un hecho histórico-social que se impone a las colectividades. Esto parece ser lo que se vislumbra con ocasión del Bicentenario no sólo en Colombia sino en el conjunto de los países latinoamericanos.

El Bicentenario o los Bicentenarios serán una ocasión para indagar por nuestra trayectoria como nación y tratar de responder las preguntas centrales de un pueblo con sentido histórico con el fin de poder orientar nuestras perspectivas hacia el futuro.
fuente: mineducacion

viernes, 15 de enero de 2010

EN BOGOTA, CELEBRAN SU BICENTENARIO

Se busca con este acto desencadenar una reflexión y movilización ciudadana en torno de la Independencia, la democracia y la reconciliación”,

Ejército de arcilla
Quizás uno de los hechos que más llamará la atención en la conmemoración del Bicentenario serán las 2.850 figuras en arcilla del ejército libertador que harán artesanos bogotanos.

Esas figuras serán ubicadas en distintas partes del centro de Bogotá, y estarán listas para ser exhibidas el 20 de julio del 2010, dijo el alcalde Moreno.

Entre los actos de los 200 años de Independencia están previstos igualmente foros, obras de teatro y conferencias que harán historiadores y expertos sobre el tema, en las bibliotecas públicas y en colegios. En las localidades también habrá espectáculos alusivos al Bicentenario.

Se ha estimado que dicha conmemoración histórica costará alrededor de 50 mil millones de pesos, por cuanto incluye la ejecución de obras que quedarán para la ciudad como el Parque Bicentenario (ubicado en la calle 26, cerca de la Biblioteca Nacional) y el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, que funcionará en inmediaciones del parque Renacimiento.

EN BOGOTA LANZARON GLOBOS EN HOMENAJE AL BICENTENARIO


Fotografía: AP/Néstor Silva

REVISTA SEMANA.COM

Volando por el bientenario Varios globos flotan sobre la efigie de Simón Bolívar en el comienzo de las celebraciones del Bicentenario de la Independencia en Bogotá.

jueves, 14 de enero de 2010

EL CARNAVAL DE PASTO: HOMENAJE AL BICENTENARIO


Fotografía: David Fuentes
REVISTA SEMANA.COM

Las carrozas son esculturas de papel maché y cartón piedra que alcanzan alturas de hasta 15 metros. Algunas veces incorporan movimiento es sus grandes cuerpos. Los artesanos del carnaval tardan en construirlas hasta 4 meses y son verdaderas obras de arte. El día del Desfile Magno, se premian las carrozas más originales y creativas por parte del gobierno local y Corpocarnaval.

PILDORITAS SOBRE EL BICENTENARIO

En el año del bicentenario se espera que en instituciones educativas y bibliotecas públicas y casas de la cultura de todo el territorio caucano se realicen obras de teatro, foros, conversatorio y conferencias de docentes que permitan comprender mejor como se dio la independencia y se logró la democracia en el país.

Este acercamiento al Bicentenario promueve que estudiantes, maestros y comunidad educativa en general, participen en la construcción de nuevos relatos diversos y plurales construyendo las memorias de la Independencia. En este sentido, y siguiendo la línea del proyecto nacional invitamos a nuestros estudiantes a construir preguntas y respuestas; a la indagación y confrontación de esas y otras respuestas, a entender la historia en su relación con el presente y con las perspectivas de futuro.

El Bicentenario en perspectiva comparada: pasado y presente de la experiencia política iberoamericana.

" La ocasión del Bicentenario de las Independencias se ha constituido en un vector potente de reflexión para los historiadores y cientistas sociales. El origen y conformación de las identidades nacionales, la opción republicana como forma de gobierno, los procesos de construcción estatal, el debate público, la violencia política, las formas de participación y movilización popular que nacieron como resultado de las revoluciones de independencia han permitido ser leídos y reinterpretados a la luz de conceptos y enfoques renovados. De igual modo, el motivo del Bicentenario ha despertado a escala continental debates no menos importantes en relación al tiempo presente en el cual se dirimen las repúblicas latinoamericanas: la apelación a aquel momento fundacional de las nuevas naciones que irrumpieron en el escenario internacional en los albores del siglo XIX, ha dado origen a una agenda de problemas que permite retomar temas clásicos, como también formular interrogantes sobre los desafíos contemporáneos a los que se enfrentan los países de la región: la crisis de los estados nacionales, la recuperación democrática y sus deudas, el dilema de la representación y la ciudadanía, la eclosión de movimientos sociales y las nuevas formas de protesta, la deuda social y cultural entre otros temas. El objetivo es debatir contribuciones empíricas originales con el fin de sumar reflexiones sobre los rasgos centrales de cultura política iberoamericana en el largo plazo en torno a tres momentos indicativos: 1810–1910-2010."

UBA/ ARGENTINA

miércoles, 13 de enero de 2010

PILDORITAS SOBRE EL BICENTENARIO

En el año del bicentenario se espera que en instituciones educativas y bibliotecas públicas y casas de la cultura de todo el territorio caucano se realicen obras de teatro, foros, conversatorio y conferencias de docentes que permitan comprender mejor como se dio la independencia y se logró la democracia en el país.

200 AÑOS, 200 PREGUNTAS.



Generalmente, cuando cualquiera de nuestros paises celebra su independencia realiza múltiples actividades, eventos y conmemoraciones. Muy interesantes son los festejos si además se trata del Bicentenario de la independencia de una nación como Colombia.


Es la celebración que nuestro país llevará a cabo el 20 de julio del año 2010 para conmemorar los 200 años de las diversas dinámicas sociales que dieron lugar a nuestra independencia de España e instauración del sistema democrático que nos ordena como comunidad.

En toda nación existen acontecimientos históricos que reúnen a la comunidad en una reflexión colectiva sobre su pasado, presente y futuro.


Es un hecho histórico-social que se impone a las colectividades. Esto parece ser lo que se vislumbra con ocasión del Bicentenario no sólo en Colombia sino en el conjunto de los países latinoamericanos. El Bicentenario o los Bicentenarios serán una ocasión para indagar por nuestra trayectoria como nación y tratar de responder las preguntas centrales de un pueblo con sentido histórico con el fin de poder orientar nuestras perspectivas hacia el futuro.

Este acercamiento al Bicentenario promueve que estudiantes, maestros y comunidad educativa en general, participen en la construcción de nuevos relatos diversos y plurales construyendo las memorias de la Independencia. En este sentido, y siguiendo la línea del proyecto nacional invitamos a nuestros estudiantes a construir preguntas y respuestas; a la indagación y confrontación de esas y otras respuestas, a entender la historia en su relación con el presente y con las perspectivas de futuro.
fuente: MINISTERIO DE EDUCACION/ COLOMBIA

La traca del Bicentenario

POR: M. Á. BASTENIER 13/01/2010

EL PAIS/ ESPAÑA

Comienza la gran traca del bicentenario. Los 200 años de las primeras declaraciones latinoamericanas que hoy se asimilan, redondeando conceptos, a proclamaciones de independencia, estallarán durante 2010, con España como monigote de pimpampum y huésped de honor en el banquillo de los acusados.

Los pecados del pasado no se olvidan; y España necesita hacer borrón y cuenta nueva
El calendario arranca por Venezuela, cuyo presidente, Hugo Chávez, vocifera que no habría que permitir a España asociarse a los actos patrios, como sí hará, sin embargo, pero con la prudencia de ser sólo un acompañante de las festividades.

El 19 de abril se conmemorará la destitución del gobernador español Vicente Emparán por el cabildo de Caracas; seguirá Argentina con la constitución el 25 de mayo de la Junta Autónoma de Buenos Aires; el 20 de julio le tocará a Colombia, donde una trifulca conocida como el florero de Llorente acabó costando un virreinato; el 16 de septiembre fue el cura mexicano, Miguel Hidalgo y Costilla, quien sí que encabezó una verdadera sublevación popular contra la monarquía hispánica; y el 18 la formación de la Junta de Santiago de Chile completará el vía crucis español, a la espera de que en 2011, y hasta 2025, se extienda una espesa representación simbólica de proclamaciones poblada de buenos y malos.

Lo que se declaraba no era, pese a todo, la independencia, sino que ante la soberanía cesante de España, sojuzgada por Napoleón, los criollos reivindicaban su autogobierno, aunque únicamente, se entiende, hasta que Fernando VII recobrara su augusto trono.

Cabe argumentar que una declaración de ruptura con España no era directamente asumible por aquellas repúblicas de propietarios en un mar de indigentes de otro color, con lo que habría que ver esa rebeldía como táctica que no osaba aún ser estrategia; pero, también, que la fórmula transaccional permitía imaginar otro final contando con que parte del criollato -que sí existió- aceptara una soberanía interior sin desvinculación completa de la metrópoli, como ha argumentado el historiador ecuatoriano José Cañizares Esguerra, y, sobre todo, con la prudencia de las Cortes de Cádiz -que no existió- para reconocer en pie de igualdad al mundo hispano-americano. Pero esa solución seguramente era demasiado moderna.

Los propósitos que animan a los gobernantes latinoamericanos son tan variados como su procedencia. La Colombia del presidente Uribe, con mucho criollo en el poder, quisiera celebraciones apacibles sin réprobos ni verdugos, pero ya se encargarán algunos fierabrás de la izquierda -el Polo- de hablar de genocidio; y lo mismo cabría decir de México, cuya dirigencia aunque es más hispánica que el sepulcro del Cid, el mestizaje del país y lo a mano que cae recordar a Hernán Cortés, crearán tensiones en todo el espectro político. Y Argentina, una presunta Europa en el Cono Sur, que gobierna una diarquía de apellido Fernández -¿o es Kirchner?- bailará al son que convenga para sobrevivir a una sociedad cada día más díscola en su proliferación de peronismos. Pero el maremoto es, sobre todo, caribeño y andino.

El bolivariano Chávez concibe las celebraciones como una recuperación de tono muscular ante unas elecciones legislativas en septiembre que, si hay que creer a las encuestas, deberían preocuparle. Ya ocurrió algo parecido a comienzos del siglo XX cuando el dictador Juan Gómez se valió del primer centenario para blindarse de nacionalismo, pero la diferencia estriba en que Venezuela, aun teniendo instituciones de débil octanaje y perdiendo gas, no es hoy una dictadura.
Pero la gran crucifixión viene de Bolivia. El presidente Evo Morales, indio aymara, presenta enmienda a la totalidad: "No hubo colonización, sino invasión para robarse nuestros recursos", ha dicho y, puestos a festejar, considera mucho más reivindicable algunas algaradas indígenas del XVIII, que el torpor con que La Paz enfocó la independencia, más preocupada por librarse de Buenos Aires que de Madrid, razón por la cual no hubo grito de independencia hasta 1825.

¿Qué va a ser de España en ese acompañamiento votivo? Celebrar, financiar y no tomar ninguna iniciativa sin consensuarla con México, Colombia, Argentina, Perú y Chile; dialogar con Bolivia y Venezuela, que con Ecuador, bajo Rafael Correa y pese a su bolivarianismo, no hay problema. Y explorar cómo puede España reconocer su responsabilidad, pero sólo conjuntamente con el criollo que fue brazo ejecutor de tanto abuso y crimen contra el indígena y el esclavo durante la colonia y en la independencia, porque los pecados del pasado, como subraya el guatemalteco Severo Martínez Peláez en La patria del criollo, no se olvidan; y España necesita hacer borrón y cuenta nueva.

lunes, 11 de enero de 2010

PARA QUÉ EL BICENTENARIO?


El Bicentenario es una plataforma idónea para debatir no sólo la situación contemporánea de Iberoamérica, sino los conocimientos recíprocos y opiniones de las dos orillas del Atlántico.

Payanesa, publica novela sobre el bicentenario


La francesa de Santa Bárbara’

Por: Jorge Cardona Alzate
Una novela premiada que le da aire literario al Bicentenario de la Independencia.


Hace 15 años, atraída por descifrar la amalgama entre el pensamiento mágico precolombino y la ilustración europea, que dio lugar a la ciencia en la Nueva Granada, Gloria Inés Peláez empezó a visitar el Observatorio Astronómico. Edificado desde 1803 por iniciativa del sabio naturalista español José Celestino Mutis en el jardín de su Expedición Botánica, el escenario reconstruido le permitió visualizar el personaje que necesitaba para alentar su búsqueda: el abogado y comerciante Francisco José de Caldas.

Como deshaciendo su rastro, sumergida en la pasión por la historia, fue asimilando los pasos de su destino heroico. Su abolengo de Popayán, sus estudios en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, su rabia al saber que Mutis prefirió a su sobrino para legar la dirección de la Expedición Botánica, su matrimonio por poder, el impulso que lo volvió ingeniero militar en la causa patriótica, su fusilamiento por la espalda en octubre de 1816 en la Plazuela de San Francisco. El coprotagonista tenía nombre.

Luego necesitaba la armadura de la época. Los escenarios de la Nueva Granada entre el final del Siglo de las Luces y los tiempos revolucionarios del XIX. Los planos de Santa Fe de Bogotá, las cartas, los periódicos, los libros, la voz de los especialistas. “El astrónomo e historiador Jorge Arias de Greiff fue vital en esa búsqueda”, admite Gloria Inés Peláez. Días, semanas, meses, años, su pasión de antropóloga volcada al encuentro de las tradiciones esotéricas mestizas, la efervescencia por la Independencia o las parafernalias sociales.

Lo demás lo hizo su disciplina de escritora. Ideó a una mujer resuelta, letrada, de origen francés, amiga de los naturalistas Alejandro de Humboldt y Aimé Bonpland durante su expedición a América. La concibió desnuda en la Cámara Stellata del Observatorio Astronómico, donde el sabio Caldas auscultaba el cielo o conspiraba con los criollos. La despojó de su corpiño, le quitó sus calzones de lino, la convirtió en amante y madre de un niño no reconocido. Con argumentos poéticos le dio vida literaria.

En 1999 fue una narración corta y con ella Gloria Inés Peláez obtuvo el Concurso Nacional de Cuento Ciudad de Barrancabermeja. Dos años después crecieron sus páginas y fue incluida como capítulo de una antología de literatura erótica. En 2009, dejando que su personaje liberara sus sueños llegó a 139 cuartillas y la Universidad de Antioquia le otorgó el Premio Nacional de Novela. Ahora se llama La francesa de Santa Bárbara y su autora ya no puede tocar más el texto. Ahora le pertenece a sus lectores.

Acaba de ser publicada y, sin proponérselo, aparece en el momento preciso en que el Bicentenario de la Independencia requería también un aire literario. Justa retribución a una antropóloga de la Universidad Nacional nacida en Manizales, que siempre ha tenido clara su vocación por la palabra. Desde finales de los años 70, cuando en las noches en un viejo apartamento de Bogotá, sólo se oían las teclas de su máquina de escribir y, bajo el seudónimo de Miguelita de Acatán —un personaje de Asturias—, ella soñaba con hacerse escritora.

Ahora lo es y a sus cinco distinciones como cuentista en diferentes concursos y el libro Roa séptima con catorce con relatos sobre acontecimientos de Bogotá, ahora suma su primera novela, “de alta calidad literaria, transparencia de estilo, fluidez, solidez en la construcción y verosimilitud en el ambiente histórico”, como dejaron consignada en el acta los jurados del Premio Nacional de Novela de la Universidad de Antioquia. Con su silencio a cuestas, ella se limita a comentar: “Fue una novela de taller”.

Y es cierto. Formada en el Taller de Escritores de la Universidad Central que desde hace 29 años dirige el maestro Isaías Peña Gutiérrez, y luego en el Centro de Estudios Alejo Carpentier de Bogotá, sus amigos y colegas saben que La francesa de Santa Bárbara tuvo tantos lectores con guillotina como contertulios alentando su poética. De alguna manera todos ellos están inmersos en la impecable obra que la catedrática universitaria, guionista y antropóloga Gloria Inés Peláez entrega a los lectores.