viernes, 29 de enero de 2010

Otra América es posible




POR Francisco Trujillo
Edición 147 REVISTA VIRTUAL DESDE ABAJO

.Independencia. Soberanía. Libertad. Sueño de muchos en Nuestra América que solamente en un momento dado de su devenir histórico –a partir de un contexto específico, hace ya 200 años–, se pudo concretar. Primera independencia. Sueño acumulado en los cuerpos de millones de indígenas aniquilados y negados en su ser histórico por un poder que los consideró inferiores –sin alma–, que los sometió y los avasalló. Pero también, energía latente en millones de esclavos oprimidos, sometidos, negados, ‘arrancados' de su tierra y vendidos como objetos, fuerza de trabajo para enriquecer las arcas españolas.

Otear nuestra historia. Pensarnos en nuestras raíces, en su sentido histórico, en su proyección hasta el presente. Auscultar la energía que hizo posible que los negados, que los sometidos, se sintieran dispuestos a coger las riendas de su destino. ¡Energía necesaria para un nuevo ciclo de independencia!

Empezamos con esta entrega una serie sobre el bicentenario. Recorrerémos hechos y sucesos, pero también escucharémos las personalidades y los movimientos, develando intereses y poderes que propiciaron que la injusticia se empoderara en nuestro territorio.
Una oportunidad para no dejar pasar el bicentenario. En todo el continente se preparan diferentes actividades para recordar y reflexionar a propósito de lo que pudiéramos llamar la “primera independencia”. A propósito de la misma, unas pequeñas e iniciales notas sobre personajes que tuvieron que ver con esta gesta y con su continuidad en el siglo XX.

Miranda, los primeros pasos

Francisco Miranda, venezolano, político, militar, aventurero, eterno conspirador. Don Andrés Bello, filósofo y escritor, dice sobre su compatriota: “Con reverencia ofrezco a tu ceniza este humilde tributo; y la sagrada rama a tu efigie venerable, ciño, patriota ilustre que, proscrito, errante, no olvidaste el cariño del dulce hogar que vio nacer tu cuna”.

Nació en Caracas en 1750 de acaudalados padres españoles. Hace, contra la voluntad de éstos, la “carrera de las armas”. Viaja a Francia, Rusia, África, entre 1772 y 1774. En Madrid (España) da un paso de gran trascendencia para él: se hace masón y líder de la masonería, fundando para América la Logia Lautaro. Se acoge al juramento mason: “Nunca reconocerás por gobierno legítimo de tu patria sino al que sea elegido por libre y espontánea voluntad de los pueblos y, siendo el sistema republicano el más adaptable al gobierno de las Américas, propenderás por cuantos medios estén a tu alcance, a que los pueblos decidan sobre él”.

La masonería, para muchos independentistas, fue una especie de evangelio. Masones fueron Nariño, Bolívar, Santander, O'Higgins, San Martín.

Bolívar, la claridad y la fuerza

Dijo Simón Bolívar: “Haré de América una sola patria”. Inició su carrera político-militar con una extraña acción: malinterpretó una forzosa decisión de Miranda en su lucha contra los españoles en territorio venezolano. Consiguió que tropas amigas apresaran a Miranda y lo entregó… a los españoles, que lo enviaron prisionero a Cádiz, donde murió este patriota. Lo había conocido en Europa y lo convenció de que regresara a su patria. Dice el general Julio Londoño: “En el alma del Libertador se escondió el odio contra Miranda cuando se dio cuenta de que no tenía nada de común con el suelo; que nada entendía de la naturaleza americana; que era un hombre que luchaba en América pero había dejado su corazón en Europa” (La visión geopolítica de Bolívar). En París, su lujosa mansión era centro de reunión por la libertad de América. Napoleón lo conoció y dijo: “Miranda es un demagogo, no un republicano”. En Europa elabora un proyecto de constitución para las colonias hispanoramericanas, en la que el Monarca sería inca y la Cámara Alta estaría integrada por caciques de toda América!
En su proyecto de “América, una sola patria”, Bolívar busca tesoneramente la independencia de Cuba, Puerto Rico y Haití. Para esta finalidad, en 1825 propone a México la unión de las escuadras colombiana y mexicana. El Congreso de este país rechazó la propuesta. En su punto 6º, estipula: “Este plan se fundará: 1º defender cualquier parte de nuestras costas, 2º Expedicionar contra La Habana y Puerto Rico; 3º Marchar contra España […]”. El mismo año, un poco antes, había propuesto un Congreso Anfictiónico en Panamá, con la condición expresa de que no fuera invitado el país del norte, a lo cual el general Francisco de Paula Santander se opuso, pues era admirador de ese país. El Congreso fracasó. En 1824, en carta a Antonio José de Sucre, Bolívar había vaticinado: “Los Estados Unidos de Norte América parecen destinados por la Providencia a plagar de miserias el mundo en nombre de la libertad”.

Martí, la libertad del Caribe

José Martí (1853-1895), llamado “El Apóstol” por sus compatriotas cubanos, escritor, poeta. Suya es la letra de la conocida canción Guantanamera. Vivió refugiado algún tiempo en Estados Unidos. Escribió: “Viví en el vientre del mostruo y le conozco las entrañas”. En Nueva York fundó, en 1892 el Partido Revolucionario Cubano y les escribió incansablemente a sus compatriotas. Precisó en una de sus cartas: “Esta íntima relación con todos los elementos revolucionarios activos es tanto más obligatoria cuanto que el desasosiego del país, próximo en todo instante a revelarse por las armas, y un precepto expreso de los estatutos del partido mandan tener las fuerzas revolucionarias en la disposición más favorable a la guerra que fuese prosible”. A los 42 años, el 18 de mayo de 1895, murió en combate contra los españoles.

Escribió Martí: “Pero ahí está Bolívar en el cielo de América, vigilante y ceñudo, sentado en la roca de crear, con el inca al lado y el haz de banderas a los pies; así esta él, calzadas aún las botas de campaña, porque lo que él no dejó hecho, sin hacer está hasta hoy; porque Bolívar tiene que hacer en América todavía”.

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