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http://www.agendapropia.com/index.php/historias/perfil/303-ella-es-la-mujer-que-le-dio-vida-a-aura
La semana anterior, la Gobernación del Cauca a través del programa Caucanízate, realizó la premiación del V Concurso Departamental de Cuento, en el que participaron estudiantes y docentes de la región. Alexandra Molina, profesora del Instituto Niño Jesús de Praga, ganó en una de las categorías.
Por: Silvana Bolaños Torres
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"En otros tiempos solías regañarme con esos ojos de almizcle fresco, sentarte en la silla grande, levantarte, contonear las caderas, caminar lento y regresar al cuarto, entrar al baño, soltar el agua demasiado caliente, limpiarte la piel del sudor y del sexo." (Hilos de Aura)
Ale, como algunos amigos le decimos cariñosamente a Alexandra, siempre está revoloteando por la habitación. Es casi imposible mantenerla quieta. Trata de organizar sus cosas, pero eso sí, nunca lo logra del todo; busca libros, casi siempre su última adquisición, para decirte que después te lo prestará; entra al baño; cuenta todas las nimiedades del día como si fueran realmente trascendentales; le gustan los detalles de las historias y trata de hacerte dibujos mentales siempre que las narra.
La conozco desde hace un año, o más. Antes la había visto por los pasillos de la Facultad de Santo Domingo, en la Universidad del Cauca, donde ambas estudiamos Comunicación Social. Ella, Alexandra Molina, iba dos semestres atrás, y más que caminar, me daba la impresión de que se sentía como en una pasarela, era puro estilo esa chica. Me bastó una sola charla con ella para entender que sabía hacer mucho más que contonear sus caderas, así, como Aura, el personaje que la hizo merecedora del primer lugar en la categoría docentes del Quinto Concurso Departamental de Cuento.
No era la primera historia que Ale escribía. Empezó con su propio diario, pero tal vez gracias a Aura entendió que para una mujer de padres ausentes, que creció en medio de nanas, la escritura era la manera de acompañarse, de reinventarse, de construirse, de vivir y morir como lo hacen los personajes.
"Creías en las palabras, en los libros, en las fotografías de las plazas. Aura, te gustaba el silencio, la lealtad. Yo no te engañaba del todo mi amor, me gustabas más tú con tus acertijos. No te mentía, eran una suerte de racionamientos para el invierno, para tiempo de frío."
A Ale le gustan los paseos en bicicleta, de hecho, ese es su medio de transporte; le gustan los atardeceres rojos y siempre que caminamos juntas y ve en las vitrinas o la calle algo que le agrada, pone cara de niñita sorprendida, lanza un gemido pequeñito acompañado de un puchero y dice: "ay, mira, ¿no te parece muy bonito?". No siempre me lo parece, pero igual le digo que sí, que está lindo.
A veces pienso que Ale añora su infancia en Belén, Nariño. La llevaron desde Popayán cuando tenía apenas tres años. Disfrutaba correr por el campo y jugar con sus amigos a cosas tan peligrosas como lanzarse de la terraza. Por peripecias así se ganó muchos regaños de su madre, María Jesús Molina.
El dos de diciembre de 1993, cuando tenía cinco años, Alexandra colgó de un palo de escoba un calzón rojo de su mamá y salió con su amiga Natalia por las calles del pueblo a gritar: "mataron a Escobar, mataron a Escobar". Lo acababa de ver en las noticias, habían matado al narcotraficante antioqueño Pablo Escobar, y a ella, en medio de la algarabía por la noticia, lo primero que se le ocurrió fue salir a exhibir la ropa íntima de doña María Jesús.
"De repente no era tu vida. No ibas en serio cortando flores y risas. Ya no querías campanas ni narices rojas de payasos ni miradas ni promesas ni te hacía frío ni eras joven. Ya no podías ir en serio."
Oriana Fallaci fue la primera escritora que atrapó a Ale. El libro: Un hombre. Se lo prestó Aida, la mamá de su hermana Eliana. Por eso desde entonces a Ale le gustan los hombres como Alexandros Panagoulis, el poeta y líder de la revolución griega, protagonista de la historia de la periodista italiana. "Hombres en contravía, de respuestas rápidas, con historias para contar, bohemios, hombres de aventuras", dice Ale.
Por eso también, a Ale le gustan los escritores que pueden mostrar la humanidad de los personajes, sus tormentos, su entraña; como Kafka y su Gregorio, como Hesse y su lobo estepario, o Eco y su Guillermo de Baskerville.
"No te aflijas más Aura, déjame sanarte, no llores. ¡No te sueltes así Aura! No te ahogues, no te arranques."
"Hilos de Aura" nació una agobiada mañana, en las manos de Ale. Uno de esos días en que necesitaba la excusa de la escritura para desaparecer, para sacarse un poco el miedo y la rabia que se apoderaban en ese momento de sus pensamientos. Un día de esos en que, a través de su personaje, ella pudo "morir un poco".
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